Durante el mes de enero vamos a detenernos en algo que suele faltar justo cuando más lo necesitamos: la presencia.
Cuando hay ansiedad, estrés o tristeza profunda, es fácil vivir “fuera” de uno mismo. La mente se adelanta, se llena de preocupaciones, de imágenes, de exigencias. El cuerpo sigue aquí, pero la atención se va. Aparece la sensación de ir en automático, de no terminar de habitar lo que vivimos.
La presencia es el primer gesto para salir de ese modo de supervivencia.
No es relajarse.
No es pensar en positivo.
Es poder darnos cuenta de cómo estamos ahora mismo, sin huir de ello y sin tener que arreglarlo todavía.

En terapia, este es siempre el primer paso: volver.
Volver al cuerpo.
Volver al momento.
Volver a uno mismo.
Solo desde ahí es posible comprender lo que nos pasa, regularlo y transformarlo. No podemos cuidar aquello de lo que no somos conscientes.
Esta práctica es una invitación sencilla a empezar por ahí.
No pretende que consigas un estado especial ni que te sientas de una manera concreta.
Solo te ofrece unos minutos para estar con lo que ya está ocurriendo en ti.
Puedes escucharla como estés ahora: sentado/a, tumbado/a, con los ojos abiertos o cerrados.
No hace falta cambiar nada.
Solo permitirte estar aquí.
Ilustración de Lui Mort.
Paule Bilbao · Psicoterapia 🌿